Palabras de Andrés Manuel López Obrador, presidente de Morena, en la ponencia “Visión política de México”

 Boletín 016-221

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Monterrey, Nuevo León, 10 de noviembre de 2016

Ante la crisis de México, la honestidad es nuestra tabla de salvación. En consecuencia, nuestra propuesta es convertir esta virtud en forma de vida y en forma de gobierno.

               La corrupción, no olvidemos, es la causa principal de la desigualdad y de la tragedia nacional que padecemos. La deshonestidad de los gobernantes y de las élites del poder es lo que ha deteriorado la vida pública de México, tanto por el mal ejemplo como por la apropiación de bienes de la colectividad. Dicho en otras palabras: nada ha dañado más a México que la corrupción política.

               No obstante, aunque este es el principal problema del país, el tema ni se debate ni aparece en la agenda nacional. Se habla de reformas estructurales de todo tipo, pero este grave asunto ni siquiera es parte del discurso político.

Los defensores de la globalidad nunca han pensado en importar ejemplos de países y gobiernos que han tenido éxito en hacer de la honestidad el principio rector de su vida pública. Mientras Nueva Zelanda, Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia, ocupan los primeros lugares en honestidad, México se sitúa entre los más corruptos del mundo. Y, como es obvio, las naciones éticamente desarrolladas cuentan con una clase media fuerte y mayoritaria, prácticamente no existe la pobreza ni se padece de inseguridad y violencia.

De modo que elevar la honestidad a rango supremo nos traerá muchos beneficios. Los gobernantes contarán con autoridad moral para exigir a todos un recto proceder y nadie tendrá privilegios. Además, con este imperativo ético por delante, se recuperarían recursos que hoy se van por el caño de la corrupción. Se calcula que los políticos corruptos se roban alrededor de 500 mil millones de pesos al año.

Nuestra propuesta es acabar con la corrupción, no solo reducirla, sino erradicarla por completo. De esta forma, no habrá necesidad de aumentar impuestos ni de seguir endeudando al país que, dicho sea de paso, está más empeñado, endeudado que nunca y ni siquiera se sabe. Cuando Felipe Calderón fue impuesto, la deuda pública era de 1.7 billones y él la aumentó a 5.2 billones, más del 200 por ciento y Peña la elevó a 9 billones, solo para pagar intereses y el servicio de esa enorme deuda pública, el año próximo se tendrán que destinar del presupuesto cerca de 600 mil millones de pesos.

En forma categórica expreso que cuando triunfe nuestro movimiento no habrá impunidad. Se eliminarán los fueros al Presidente y a los altos funcionarios públicos. El ejemplo de honestidad se dará desde el gobierno, pero de todas maneras habrá un sistema eficaz anticorrupción con participación ciudadana. Asimismo, los delitos de esta índole serán considerados graves y sancionados por el Poder Judicial.

Junto al combate a la corrupción aplicaremos una política de austeridad republicana; es decir, se reducirá el gasto corriente. Bajarán los sueldos de los altos funcionarios públicos. Se cancelarán las pensiones millonarias a los expresidentes, no habrá servicio médico privado ni cajas de ahorro especial para los altos funcionarios públicos, se venderá toda la flotilla de aviones y de helicópteros del gobierno. En pocas palabras, se terminarán los privilegios.

Estoy convencido que así como abolir la corrupción significará toda una revolución social pacífica, la austeridad republicana se convertirá en ejemplo de rectitud, moralidad y en la principal fuente para financiar el desarrollo. Para políticos o funcionarios con mentalidad conservadora o convencional, no existen márgenes de reducción del gasto. Según ellos todo está comprometido, etiquetado; en contraposición, para nosotros la racionalidad del gasto público es un objetivo central. Y claro que hay de dónde echar mano.

Pongamos por ejemplo la Estela de Luz en la Ciudad de México, en Reforma, un proyecto insulso del gobierno de Calderón que costó más de 650 millones de lo planeado originalmente. O recordemos que las obras públicas de la administración de Peña, como hemos venido señalando, están infladas a más del doble de su costo real.

Tenemos la firme convicción de que si se acaba con la corrupción y se evita el derroche del presupuesto alcanzaremos la meta de ahorrar lo suficiente para financiar el desarrollo. Esta es nuestra propuesta principal en materia de administración pública, porque es posible hacer inversiones sin recurrir al endeudamiento. Repito enfáticamente: es falso que el presupuesto no alcance o no tenga flexibilidad alguna para reasignar partidas y utilizar este importante instrumento de la política pública como una eficaz palanca para promover la producción, el empleo y el bienestar.

Añado que se mantendrán equilibrios macroeconómicos, se respetará la autonomía del Banco de México, se fomentará la inversión privada, nacional y extranjera. Asimismo, habrá un auténtico Estado de Derecho y un sistema político verdaderamente democrático.

En el terreno de lo programático, actuaremos con el mayor realismo posible. Nada de ocurrencias o engaños; habrá claridad de propósitos, estrategias bien definidas, prioridades y metas de corto, mediano y largo plazo. Un gobierno debe convocar a la esperanza, pero sin caer en falsas promesas, porque terminará enredado en su propia demagogia.

Vamos a estimar, con la mayor precisión, el costo de los programas y proyectos de inversión y su viabilidad económica y social. Formará parte de la estrategia del gobierno democrático evitar la dispersión para concentrar recursos, tiempo y talento a proyectos de gran impacto colectivo; es decir, nos ceñiremos al dicho popular: “el que mucho abarca poco aprieta”. Pocos proyectos, pero mejores. Describo algunos:

•             Se rescatará al campo por su importancia social, ambiental y cultural, y se logrará la autosuficiencia alimentaria.

•             El sector energético será la palanca del desarrollo. Se construirán refinerías, se impulsará la extracción de gas, y se fortalecerá la industria eléctrica, todo ello para dejar de comprar gasolinas y otros combustibles en el extranjero,  crear empleos y reducir los costos de insumos en beneficio de las empresas del país.

•             Se fomentará la industria de la construcción. En lo específico, se llevará a cabo un amplio programa de construcción de vivienda, de infraestructura y caminos con el uso intensivo de mano de obra; se construirán dos pistas nuevas en el aeropuerto militar de Santa Lucía para resolver el problema de la saturación en el aeropuerto de la Ciudad de México, haciendo a un lado el actual proyecto que, además de costosísimo, 180 mil millones de pesos, es de dudosa viabilidad técnica.

•             Se creará un corredor económico y comercial en el Istmo de Tehuantepec. Este proyecto implica aprovechar la ubicación estratégica y la cercanía en esta franja del territorio nacional para unir al Pacífico con el Atlántico y, con ello, facilitar el transporte de mercancías entre los países de Asia y la costa este de los Estados Unidos. Se trata de un corredor de 300 kilómetros, donde se construirá una línea ferroviaria para el transporte de contenedores, se ampliará la carretera existente, se rehabilitarán los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos, se aprovechará el petróleo, el gas, el agua, el viento  y la electricidad de la región, y se instalarán plantas para ensamblar piezas y fabricar artículos manufactureros. Toda esa franja del Istmo se convertirá en zona libre o franca.

•             Habrán trenes de pasajeros de gran velocidad en la Ciudad de México hacia la frontera con Estados Unidos, así como el tren turístico cultural de la ruta maya Cancún-Tulum-Calakmul-Palenque.

•             Se aplicará una política de Estado para promover el desarrollo de la pequeña y mediana empresa. Tendrán energéticos y créditos baratos; se les protegerá ante precios exagerados de insumos, de impuestos altos y del burocratismo. No olvidemos que las pequeñas y las medianas empresas, industriales, agropecuarias, de servicios y comercio, generan 90 por ciento de los empleos existentes.

•             Se fomentará el turismo y se establecerá una zona libre o franca a lo largo de la frontera con Estados Unidos. Entre otras medidas, en esta franca de 3 mil kilómetros, se reducirá el IVA, el Impuesto Sobre la Renta y las aduanas se trasladarán a 20 kilómetros tierra adentro de la línea divisoria.

•             Se mejorará el salario para fomentar el consumo y el mercado interno.

•             Los jóvenes tendrán garantizado el derecho al estudio y al trabajo.

•             Habrá cobertura universal en telecomunicaciones.

•             Se establecerá el Estado de Bienestar.

•             Se atenderá de manera preferente a los pobres.

•             Se garantizará el derecho a la educación, a la salud y a la seguridad social.

•             Cambiará por completo la estrategia para atender el problema de la inseguridad y la violencia. Lo fundamental será mejorar las condiciones de vida y de trabajo, es decir, atender las causas. Habrá coordinación entre las corporaciones policiacas, habrá perseverancia, atención diaria al flagelo de la violencia, habrá también inteligencia en el entendido de que se trata de  un problema que se requiere de más inteligencia que de fuerza, y se evitará el contubernio entre autoridades y delincuencia.

Por último, reitero: la decadencia que padecemos se ha producido, tanto por la falta de oportunidades de empleo, estudio y otros satisfactores básicos, como por la pérdida de valores culturales, morales y espirituales.

Por eso nuestra propuesta para lograr el renacimiento de México tiene el propósito de hacer realidad el progreso con justicia y, al mismo tiempo, auspiciar una manera de vivir sustentada en el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza, a la patria y a la humanidad. En suma, se requiere bienestar material y bienestar del alma. Muchas gracias.

Monterrey, Nuevo León, noviembre 10, 2016

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